Revista Exlibris · N° 15, Marzo 2026 · pp. 171-183
Mariana Ferrarelli · Clarisa Vittoni · Florentina Guaita
Laboratorio Abierto de Inteligencia Artificial (LAIA) · Universidad de San Andrés
La masificación del chatbox como formato canónico reconfiguró cómo aprendemos, escribimos y pensamos. El artículo parte de esta tensión para proponer alternativas.
Cuando ChatGPT se masificó, la lógica conversacional se instaló como el modo por defecto de interacción humano-máquina. Pedir y obtener respuestas se volvió el núcleo de la experiencia cognitiva.
Un texto listo, coherente y gramaticalmente correcto en segundos genera una ilusión de aprendizaje y desincentiva el esfuerzo intelectual y la búsqueda autónoma de ideas.
Gerlich (2025) y Kosmyna et al. (2025) documentan cómo el uso transaccional de la IA desplaza el esfuerzo cognitivo hacia la máquina, debilitando el pensamiento crítico.
"La escritura comienza a ser percibida como un problema que puede resolverse 'por encargo' y no como una práctica epistémica que requiere tiempo, revisión y agencia creativa." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026)
Componentes esenciales del proceso creativo y del razonamiento analítico desaparecen cuando la IA provee la respuesta antes de que el estudiante pueda formular la pregunta.
Se convierte en un producto estandarizado, en lugar de un modo de organizar, problematizar y ampliar el conocimiento. La IA clausura la búsqueda en vez de acompañarla.
Estudiantes que consultan la máquina como atajo no advierten cómo esta mediación reconfigura su capacidad de sostener un pensamiento propio y construir una voz autoral.
La delegación de la interpretación y la duda genera textos similares y diluye el estilo personal. Pensar se equipara a "pedirle algo a la IA".
"La delegación cognitiva genera una dependencia silenciosa, en la que las y los estudiantes se habitúan a consultar a la máquina como atajo, sin advertir cómo esta mediación reconfigura su capacidad de sostener un pensamiento propio." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026)
En un ecosistema digital acelerado donde velocidad y eficiencia se confunden con comprensión genuina, la hoja en blanco como espacio de lentitud, duda y búsqueda adquiere un valor político y pedagógico renovado. No es un déficit tecnológico: es una elección epistémica.
Una interfaz que no genera textos: formula preguntas. Desarrollada por LAIA bajo una filosofía de diseño centrada en la agencia del sujeto que escribe.
Calíope no genera textos terminados. Lee el texto en desarrollo y formula preguntas que estimulan la reflexión y la autonomía. La decisión de responderlas recae siempre en quien escribe.
Replica deliberadamente la experiencia de un procesador de textos tradicional: una hoja en blanco. Contrasta con el modelo del chatbox y preserva la primacía del acto humano de escribir.
La herramienta se activa solo cuando quien escribe presiona un botón de consulta. Su aparición puntual y discreta preserva la autonomía y promueve la intencionalidad cognitiva.
Diseñada para posicionarse como acompañante frente a la figura del "ejecutor textual" o "tutor virtual". Amplifica sin reemplazar la potencia humana para analizar ideas y crear.
Antes de comenzar, se configuran pautas: por ejemplo, adoptar la perspectiva de una autora específica, acompañar un artículo académico o una crónica periodística.
La persona escribe en un espacio amplio, sin recuadros pequeños ni chatboxes. El foco visual y cognitivo está en el texto propio, no en la máquina.
Al presionar el botón de consulta, Calíope lee el texto en desarrollo y genera hasta tres preguntas. Sin halagos, sin comentarios adicionales, sin texto sugerido.
Quien escribe elige responderlas, guardarlas para más adelante, ignorarlas o pedir nuevas. El objetivo no es obtener respuestas concretas sino activar procesos de pensamiento.
"Calíope, nombrada en honor a la musa griega de la elocuencia y la poesía, busca cuestionar ese paradigma dominante en las interfaces de IA generativa y abrir nuevas posibilidades de intercambio." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026)
El marco teórico que orienta el diseño de Calíope propone tecnologías que no responden a una lógica tecnocrática y jerarquizada, sino que promueven la participación ciudadana en su desarrollo y permiten apropiarnos de las tecnologías desde un sentido local y situado.
El artículo propone una distinción central entre dos modos de relacionarse con la IA en educación, con consecuencias éticas, pedagógicas y epistémicas muy distintas.
Lógica instrumental orientada a obtener productos rápidos, textos acabados o soluciones inmediatas, sin mediaciones reflexivas ni comprensión del proceso. El sujeto renuncia a la agencia cognitiva y se limita a consumir resultados.
Apropiación crítica y situada donde la IA opera como dispositivo dialógico. Se ejercen la supervisión, la edición y la validación del contenido. La escritura se transforma en una práctica de conocimiento expandido.
En el enfoque de acoplamiento, la IA actúa como superficie de rebote que devuelve nuevas perspectivas, detecta inconsistencias o sugiere caminos alternativos sin reemplazar la reflexión ni el compromiso cognitivo activo. El estudiante debe formular preguntas más precisas, evaluar las respuestas y reconfigurar su pensamiento.
"La diferencia no es solo técnica, sino ética y pedagógica: el uso profesional de la IA demanda desarrollar criterios de autoría, discernimiento y co-creación que transforman la escritura en una práctica de conocimiento expandido." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026), a partir de Cassany (2024)
"El acoplamiento reinstala la dimensión del cuidado en el vínculo con la tecnología al concebir la IA como un agente complementario que acompaña la acción humana y no como una amenaza o sustituto." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026)
El aula como espacio de preguntas, y la intencionalidad cognitiva como condición para una relación consciente con la IA. Dos conceptos que articulan la propuesta pedagógica del artículo.
"Todo contenido tiene detrás ciertas preguntas, aunque no siempre sean tan evidentes." Las preguntas son una puerta de entrada al conocimiento que abre un intervalo entre lo ya sabido y lo que aún se desconoce: un espacio donde explorar, ensayar hipótesis y reformular ideas.
Para comprender cualquier experimento científico o teoría social es relevante saber qué se estaban preguntando quienes los llevaron a cabo. La ciencia, en definitiva, es un modo de conversación. La docencia también.
En contextos donde la inmediatez tecnológica naturaliza verdades producidas estadísticamente, la pregunta se vuelve un acto transformador: abre fisuras en las narrativas tecnosolucionistas y habilita la elaboración colectiva de sentidos.
La impronta de co-construcción y descubrimiento contrasta con la lógica verticalista y transaccional que sigue dominando gran parte del sistema educativo: preguntas fácticas, cerradas, que no invitan a la comprensión genuina.
"Nos interrogamos sobre quién puede preguntar, cómo abordamos la pregunta como práctica pedagógica, qué relaciones sociales permite la pregunta, cómo podríamos repensar las preguntas pedagógicas básicas —las que nos conducen a la autonomía y a la emancipación— a partir del contexto social y educativo mediado algorítmicamente." — Ferrarelli y Ricaurte (2024: 82)
La capacidad de sostener un posicionamiento activo frente al proceso de pensar y a las mediaciones tecnológicas que lo atraviesan. Implica asumir decisiones deliberadas sobre qué tipo de ayuda se necesita, en qué momento y con qué propósito.
Al centrar la iniciativa en la persona que escribe, cada consulta a Calíope es un gesto elegido y no una respuesta automática a la disponibilidad de herramientas generativas. Esto fortalece la agencia intelectual.
Evita que la tecnología dicte el ritmo o determine la forma de las elaboraciones propias. Previene la descarga cognitiva (Gerlich, 2025) que se pone en juego en el uso intensivo y transaccional de las interfaces generativas.
Cada consulta se integra como parte de una estrategia reflexiva mayor, orientada a ampliar la comprensión y no a reemplazarla. El dispositivo se integra de manera situada y potencia la capacidad de decidir, interpretar y pensar.
"Avanzar hacia una educación sustentada en la potencia de las preguntas y no en la inmediatez de las respuestas implica asumir un compromiso con la formación de sujetos capaces de leer críticamente su tiempo, intervenir en él y construir saberes que dialoguen con la complejidad del mundo contemporáneo." — Ferrarelli, Vittoni y Guaita (2026)
La experiencia de Calíope demuestra que es posible diseñar otros presentes y futuros educativos, donde la IA no acelera la clausura del pensamiento, sino que habilita territorios más amplios para la reflexión pedagógica y la imaginación política. El aula como laboratorio de cogniciones, hibridación y diálogo.
Magíster en Metodología de la Investigación (UNLa). Directora del Programa de Inteligencia Artificial en Educación, UdeSA. Doctoranda en Educación. Integrante de LAIA.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Correctora de estilo, editora y docente. Miembro de PLECA y de LAIA.
Licenciada y Profesora en Letras (UBA). Especialista en lingüística. Cofundadora de LAIA. Posgrado en IA desde perspectiva humanística (FFyL-UBA).